viernes, 16 de marzo de 2012


Estrategias para Tomar Decisiones Rápidas y
Mejorar la Eficacia Profesional.
Extracto del Libro
¡Tráguese ese Sapo!
De Brian Tracy
  
Sencillamente no hay tiempo suficiente para hacer todo lo que figura en nuestra lista de cosas pendientes. La gente que tiene éxito sabe que es imposible hacerlo todo.

Pero lo que es determinante, saber cómo priorizar las tareas, a fin de completar cada día las más importantes.

Según un viejo dicho, si la primera cosa que tiene que hacer cada mañana es tragarse un sapo, entonces le queda la satisfacción de saber que eso probablemente  sea lo peor que hará en todo el día.

1. Ponga la mesa

            Coja ahora mismo una hoja de papel en blanco y escriba una lista de diez objetivos que quiere lograr el año próximo. Escriba sus objetivos como si el año ya hubiera pasado y ya fueran realidad. Use el tiempo presente y la primera persona para que su subconsciente los acepte de inmediato.
            Por ejemplo, puede escribir: «Gano equis dinero al año», o «peso tantos kilos» o «tengo este automóvil».
            Luego, de la lista de diez objetivos seleccione el objetivo que, de lograrlo, tendrá el mayor impacto positivo en su vida. Sea cual sea este objetivo, escríbalo en otra hoja de papel, establezca una fecha tope, haga un plan, emprenda una acción según ese plan y después cada día haga algo que le acerque a ese objetivo. ¡Este ejercicio le puede cambiar la vida!

2. Planifique cada día con antelación
            Empiece hoy mismo a planificar anticipadamente cada día, semana y mes. Coja un bloc de notas o un papel y haga una lista de todo lo que tiene que hacer en las próximas veinticuatro horas. Agregue a "su lista lo que vaya surgiendo”. Haga una lista de todos sus proyectos, de los grandes trabajos que son importantes para su futuro.
            Ordene cada uno de sus objetivos, proyectos o tareas principales según su prioridad, su mayor importancia y según una secuencia, es decir según qué debe hacer primero, qué en segundo lugar, etcétera. Empiece teniendo presente el final y desde ese punto trabaje hacia atrás.
            ¡Piense sobre papel! Trabaje siempre con una lista. Le sorprenderá comprobar cuánto más aumenta su productividad y con cuánta facilidad se traga ahora su sapo.

3. Aplique a todo la regla del 80/20
            Haga una lista de todos los objetivos, actividades, proyectos y responsabilidades clave de su vida actual. ¿Cuál de ellos podría estar en el 20 por ciento superior de tareas que representan o podrían representar el 80 o 90 por ciento de sus resultados?
            Decida hoy mismo que va a ocupar más tiempo trabajando en esas pocas áreas que verdaderamente pueden constituir una diferencia positiva en su vida y en su carrera y que ocupará menos tiempo en actividades de menor valor.

4. Estudie las consecuencias
            Revise con regularidad su lista de tareas, actividades y proyectos. Pregúntese continuamente: « ¿Qué proyecto o actividad, si lo hago de manera excelente y oportuna, tendrá mayor impacto positivo en mi vida? »
            Independientemente de lo que pueda ayudarle más, establézcalo como objetivo, haga un plan para lograrlo y póngase a trabajar en su plan inmediatamente. Recuerde estas maravillosas palabras de Goethe: «Empieza y se te calentará la mente. Continúa y la tarea quedará completa».

5. Practique continuamente el método ABCDE
            Revise ahora su lista de trabajo y escriba una A, B, C, D o E delante de cada tarea o actividad. Seleccione su trabajo o proyecto A-l y empiece a trabajar en él de inmediato. Disciplínese para no hacer nada más mientras este trabajo no esté completo.
            Practique cada día este método ABCDE con cada lista de trabajos o de proyectos antes de empezar a trabajar. Hágalo durante un mes. Al cabo de ese tiempo habrá desarrollado el hábito de trabajar en las tareas de más alta prioridad y tendrá asegurado el futuro.

6. Céntrese en áreas clave de resultados
            Identifique las áreas clave de resultados de su trabajo. ¿Cuáles son? Escriba los resultados clave que tiene que conseguir para hacer su trabajo de manera excelente. Califíquese de uno a diez en cada área. y después determine la habilidad clave que, si la hace de modo excelente, le ayudará más en su trabajo.
            Presente esta lista a su jefe y discútala con él. Solicite una evaluación honesta. Sólo puede mejorar si está abierto a los aportes constructivos de otras personas. Discuta sus resultados con su equipo y colaboradores. Convérselos con su mujer.
            Convierta en hábito hacer estos análisis regularmente durante el resto de su carrera. Nunca cese de mejorar. Esta mera decisión puede cambiarle la vida.

7. Obedezca la ley de eficiencia obligada
            La herramienta mental más poderosa para el éxito es su capacidad para diferenciar entre una y otra prioridad. Concédase unos minutos cada día para sentarse tranquilamente donde no le puedan molestar. Durante ese lapso, relájese y piense solamente en su trabajo y actividades, sin estrés ni presiones.
            En casi todos los casos, durante ese lapso de soledad, tendrá intuiciones maravillosas e ideas que le servirán para ahorrar una enorme cantidad de tiempo si las aplica al trabajo. Con frecuencia experimentará revelaciones que cambiarán la dirección de su vida y de su trabajo.

8. Prepárese concienzudamente antes de empezar
            Eche un buen vistazo a su escritorio o despacho tanto en casa como en la oficina. Pregúntese: « ¿Qué clase de persona trabaja en un ambiente como éste?»
            Mientras más despejado y limpio esté su ambiente de trabajo, más positivo, productivo y seguro se sentirá. Decida hoy mismo que va a limpiar completamente su escritorio y despacho para sentirse eficaz, eficiente y dispuesto a empezar cada vez que se siente a trabajar.

9. Haga sus deberes
            Decida hoy mismo ser un proyecto de «hágalo usted mismo». Conviértase en estudiante de por vida de su oficio u ocupación. La escuela nunca termina para un profesional.
            ¿Cuales son las habilidades clave que le pueden servir para obtener mejores y más rápidos resultados? ¿Cuáles son las competencias cruciales que va a necesitar en el futuro para ser un líder en su campo? Sean cuales sean, establezca un objetivo, haga un plan, y empiece a desarrollar y a aumentar su capacidad en esas áreas. ¡Decida ser el mejor de los mejores en lo que hace!

10. Refuerce sus talentos especiales
            Hágase continuamente estas preguntas claves: « ¿En qué soy verdaderamente bueno? ¿Con qué disfruto más en mi trabajo? ¿A qué puedo atribuir la mayor responsabilidad en mis éxitos pasados? Si pudiera hacer cualquier trabajo, ¿cuál sería?»
            Si le tocara la lotería o recibiera una cantidad enorme de dinero y pudiera elegir cualquier trabajo o parte de algún trabajo para toda la vida, ¿qué trabajo elegiría? ¿Qué tipo de preparación debería de plantearse para poder realizar de manera excelente ese trabajo? Sea cual sea su respuesta, empiece hoy mismo.

11. Identifique sus obstáculos clave
            Identifique su objetivo actual más importante en la vida. ¿Cuál es? ¿Qué objetivo, si lo alcanza, tendría el mayor impacto positivo en su vida? ¿Qué logro profesional podría tener el mayor impacto positivo en su vida laboral?
            Una vez que tenga claro su objetivo principal, pregúntese: « ¿Qué condiciona la velocidad que me permite conseguir ese objetivo? ¿Por qué no lo he alcanzado todavía? ¿Qué hay en mí que me está frenando?» Independientemente de sus respuestas, emprenda una acción de inmediato. Haga algo. Haga cualquier cosa, póngase en marcha.

12. Ponga un ladrillo después de otro
            Seleccione cualquier objetivo, tarea o proyecto personal que ha estado postergando y en el acto dé un paso para realizarlo. A veces todo lo que necesita hacer para empezar es sentarse y construir una lista de todos los pasos que debe dar para completar finalmente la tarea.
            Luego empiece y complete un punto de la lista y después otro. Y  después el siguiente. Le sorprenderá lo que conseguirá.

13. Presiónese a sí mismo
            Establezca fechas tope y fechas tope secundarias para cada tarea o actividad. Créese su propio «sistema de obligaciones». Suba su propio listón y no se dé por vencido. Una vez que establece una fecha tope, aténgase a ella e incluso trate de superarla.
            Anote cada paso de un trabajo o proyecto principal antes de empezarlo. Después determine cuántos minutos y horas requerirá para completar cada fase. Organice su agenda diaria y semanal para crear segmentos de tiempo cuando trabaje exclusivamente en estas tareas.

14. Optimice sus poderes personales
            Analice sus niveles actuales de energía y sus hábitos cotidianos de salud. Decida hoy mismo mejorar sus niveles de salud y energía preguntándose lo siguiente:
1.    ¿Qué estoy haciendo para mantener la buena forma física y que podría hacer más?
2.    ¿Qué estoy haciendo y que podría hacer menos?
3.    ¿Qué no estoy haciendo y debería empezar a hacer si quiero rendir mejor?
4.    ¿Qué hago hoy que afecta mi salud y debería dejar de hacer inmediatamente? Cualesquiera que sean sus respuestas a estas preguntas, actúe hoy mismo.

15. Motívese para la acción
            Controle sus pensamientos. Recuerde que se convierte en aquello que piensa la mayor parte del tiempo. Asegúrese de pensar y hablar acerca de las cosas que quiere y no acerca de lo que no quiere.
            Piense positivamente y asuma toda su responsabilidad por todo lo que le sucede. Niéguese a culpar o criticar a otros. Decida progresar antes que dar excusas. Mantenga sus pensamientos y energías dirigidos hacia adelante, hacia las cosas que puede hacer para mejorar su vida, y que lo demás siga su curso.

16. Practique la postergación creativa
            Practique el «pensamiento de base cero» en todos los aspectos de su vida. Pregúntese continuamente: «Si aún no estuviera haciendo esto, sabiendo lo que ahora sé, ¿lo volvería a hacer hoy?»
            Examine cada una de sus actividades personales y de trabajo y evalúelas según su situación actual. Si hay algo que no empezaría hoy, sabiendo lo que ahora sabe, mejor olvídese de él o aplíquele la postergación creativa.

17. Haga primero la tarea más difícil
            Considérese como un proyecto en marcha. Dedíquese a desarrollar los hábitos de alta productividad practicándolos reiteradamente hasta que sean automáticos y le resulten fáciles.
            Una de las frases más poderosas que puede aprender y aplicar es: «hoy mismo!» No se preocupe por cambiarse para toda la vida. Si le parece una buena idea, hágalo «hoy mismo».
            Dígase: «Hoy mismo voy a planificar, preparar y empezar mi tarea más difícil antes de empezar cualquier otra». Le sorprenderá ver cómo esto le cambia la vida.

18. Divida la tarea
            Aplique estas técnicas inmediatamente. Encare una tarea grande, compleja y múltiple que ha estado postergando con la ayuda de la o el «queso suizo».
            Una cualidad que comparte la gente exitosa y feliz es la orientación a la acción. Ante una buena idea actúan de inmediato para verificar si les puede ser útil. No postergue. Inténtelo hoy mismo.

19. Cree lapsos amplios de tiempo
            Piense continuamente en diferentes maneras de ahorrar, programar y consolidar amplios lapsos de tiempo. Utilícelos para trabajar en tareas importantes que tengan las consecuencias a largo plazo más importantes.
            Haga que cuente cada minuto. Trabaje constantemente y sin pausa, sin distracciones, planificando y preparando su trabajo por adelantado. Y sobre todo, manténgase centrado en los resultados más importantes que tiene encomendados.

20. Desarrolle un sentido de urgencia
            Decida hoy mismo desarrollar un sentido de urgencia en todo lo que haga. Seleccione un área donde tenga tendencia a postergar y adopte la decisión de desarrollar el hábito de la acción rápida en esa área.
            Actúe de inmediato cuando vea una oportunidad o un problema. Cuando le encomienden una tarea o responsabilidad, hágala rápidamente e informe de ella con prontitud. Muévase con rapidez en todas las áreas importantes de su vida. Le sorprenderá lo bien que se siente y cuánto consigue terminar de hacer.

21. Concéntrese resueltamente en lo que está haciendo
            ¡Actúe! Decida hoy mismo seleccionar la tarea o proyecto más importante que pueda completar y después entréguese inmediatamente a ello.
            Una vez que ha empezado su tarea más importante, disciplínese para perseverar sin distracciones hasta que esté terminada en un 100 por ciento. Considere que esto es un «test» para determinar si es la clase de persona que puede adoptar una decisión para completar y concretar algo. Una vez que empiece, no se permita interrupciones hasta que el trabajo esté terminado.




C A P I T U L O III
Sobre las proposiciones de la victoria y la derrota

Como regla general, es mejor conservar a un enemigo intacto que destruirlo. Capturar a sus soldados para conquistarlos y dominas a sus jefes.

Un General decía:

"Practica las artes marciales, calcula la fuerza de tus adversarios, haz que pierdan su ánimo y dirección, de manera que aunque el ejército enemigo esté intacto sea inservible: esto es ganar sin violencia. Si destruyes al ejército enemigo y matas a sus generales, asaltas sus defensas disparando, reúnes a una muchedumbre y usurpas un territorio, todo esto es ganar por la fuerza."

Por esto, los que ganan todas las batallas no son realmente profesionales; los que consiguen que se rindan impotentes los ejércitos ajenos sin luchar son los mejores maestros del Arte de la Guerra.

Los guerreros superiores atacan mientras los enemigos están proyectando sus planes. Luego deshacen sus alianzas.

Por eso, un gran emperador decía: "El que lucha por la victoria frente a espadas desnudas no es un buen general." La peor táctica es atacar a una ciudad. Asediar, acorralar a una ciudad sólo se lleva a cabo como último recurso.

Emplea no menos de tres meses en preparar tus artefactos y otros tres para coordinar los recursos para tu asedio. Nunca se debe atacar por cólera y con prisas. Es aconsejable tomarse tiempo en la planificación y coordinación del plan.

Por lo tanto, un verdadero maestro de las artes marciales vence a otras fuerzas enemigas sin batalla, conquista otras ciudades sin asediarlas y destruye a otros ejércitos sin emplear mucho tiempo.

Un maestro experto en las artes marciales deshace los planes de los enemigos, estropea sus relaciones y alianzas, le corta los suministros o bloquea su camino, venciendo mediante estas tácticas sin necesidad de luchar.

Es imprescindible luchar contra todas las facciones enemigas para obtener una victoria completa, de manera que su ejército no quede acuartelado y el beneficio sea total. Esta es la ley del asedio estratégico.

La victoria completa se produce cuando el ejército no lucha, la ciudad no es asediada, la destrucción no se prolonga durante mucho tiempo, y en cada caso el enemigo es vencido por el empleo de la estrategia.

Así pues, la regla de la utilización de la fuerza es la siguiente: si tus fuerzas son diez veces superiores a las del adversario, rodéalo; si son cinco veces superiores, atácalo; si son dos veces superiores, divídelo.

Si tus fuerzas son iguales en número, lucha si te es posible. Si tus fuerzas son inferiores, manténte continuamente en guardia, pues el más pequeño fallo te acarrearía las peores consecuencias. Trata de mantenerte al abrigo y evita en lo posible un enfrentamiento abierto con él; la prudencia y la firmeza de un pequeño número de personas pueden llegar a cansar y a dominar incluso a numerosos ejércitos.

Este consejo se aplica en los casos en que todos los factores son equivalentes. Si tus fuerzas están en orden mientras que las suyas están inmersas en el caos, si tú y tus fuerzas están con ánimo y ellos desmoralizados, entonces, aunque sean más numerosos, puedes entrar en batalla. Si tus soldados, tus fuerzas, tu estrategia y tu valor son menores que las de tu adversario, entonces debes retirarte y buscar una salida.

En consecuencia, si el bando más pequeño es obstinado, cae prisionero del bando más grande.

Esto quiere decir que si un pequeño ejército no hace una valoración adecuada de su poder y se atreve a enemistarse con una gran potencia, por mucho que su defensa sea firme, inevitablemente se convertirá en conquistado. "Si no puedes ser fuerte, pero tampoco sabes ser débil, serás derrotado." Los generales son servidores del Pueblo. Cuando su servicio es completo, el Pueblo es fuerte. Cuando su servicio es defectuoso, el Pueblo es débil.

Así pues, existen tres maneras en las que un Príncipe lleva al ejército al desastre. Cuando un Príncipe, ignorando los hechos, ordena avanzar a sus ejércitos o retirarse cuando no deben hacerlo; a esto se le llama inmovilizar al ejército. Cuando un Príncipe ignora los asuntos militares, pero comparte en pie de igualdad el mando del ejército, los soldados acaban confusos. Cuando el Príncipe ignora cómo llevar a cabo las maniobras militares, pero comparte por igual su dirección, los soldados están vacilantes. Una vez que los ejércitos están confusos y vacilantes, empiezan los problemas procedentes de los adversarios. A esto se le llama perder la victoria por trastornar el aspecto militar.

Si intentas utilizar los métodos de un gobierno civil para dirigir una operación militar, la operación será confusa.

Triunfan aquellos que:

  1. Saben cuándo luchar y cuándo no
  2. Saben discernir cuándo utilizar muchas o pocas tropas.
  3. Tienen tropas cuyos rangos superiores e inferiores tienen el mismo objetivo.
  4. Se enfrentan con preparativos a enemigos desprevenidos.
  5. Tienen generales competentes y no limitados por sus gobiernos civiles.


Estas cinco son las maneras de conocer al futuro vencedor.

Hablar de que el Príncipe sea el que da las órdenes en todo es como el General solicitarle permiso al Príncipe para poder apagar un fuego: para cuando sea autorizado, ya no quedan sino cenizas.

Para reflexionar:

Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro;
si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra;
si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.

viernes, 2 de marzo de 2012


"Cuando te inspira un objetivo importante, un proyecto extraordinario, todos los pensamientos rompen sus ataduras: tu mente supera los limites, tu conciencia se expande en todas direcciones y tu te ves en un  mundo nuevo y maravillosos.
Las fuerzas, facultades y talentos ocultos cobran vida, y descubres que eres una persona mejor de lo que habías soñado ser."
Patanjali

jueves, 1 de marzo de 2012


C A P I T U L O II

Sobre la iniciación de las acciones

Una vez comenzada la batalla, aunque estés ganando, de continuar por mucho tiempo, desanimará a tus tropas y embotará tu espada. Si estás sitiando una ciudad, agotarás tus fuerzas. Si mantienes a tu ejército durante mucho tiempo en campaña, tus suministros se agotarán.

Las armas son instrumentos de mala suerte; emplearlas por mucho tiempo producirá calamidades. Como se ha dicho: "Los que a hierro matan, a hierro mueren." Cuando tus tropas están desanimadas, tu espada embotada, agotadas tus fuerzas y tus suministros son escasos, hasta los tuyos se aprovecharán de tu debilidad para sublevarse. Entonces, aunque tengas consejeros sabios, al final no podrás hacer que las cosas salgan bien.

Por esta causa, he oído hablar de operaciones militares que han sido torpes y repentinas, pero nunca he visto a ningún experto en el arte de la guerra que mantuviese la campaña por mucho tiempo. Nunca es beneficioso para un país dejar que una operación militar se prolongue por mucho tiempo.

Como se dice comúnmente, sé rápido como el trueno que retumba antes de que hayas podido taparte los oídos, veloz como el relámpago que relumbra antes de haber podido pestañear.

Por lo tanto, los que no son totalmente conscientes de la desventaja de servirse de las armas no pueden ser totalmente conscientes de las ventajas de utilizarlas.

Los que utilizan los medios militares con pericia no activan a sus tropas dos veces, ni proporcionan alimentos en tres ocasiones, con un mismo objetivo.

Esto quiere decir que no se debe movilizar al pueblo más de una vez por campaña, y que inmediatamente después de alcanzar la victoria no se debe regresar al propio país para hacer una segunda movilización. Al principio esto significa proporcionar alimentos (para las propias tropas), pero después se quitan los alimentos al enemigo.

Si tomas los suministros de armas de tu propio país, pero quitas los alimentos al enemigo, puedes estar bien abastecido de armamento y de provisiones.

Cuando un país se empobrece a causa de las operaciones militares, se debe al transporte de provisiones desde un lugar distante. Si las transportas desde un lugar distante, el pueblo se empobrecerá.

Los que habitan cerca de donde está el ejército pueden vender sus cosechas a precios elevados, pero se acaba de este modo el bienestar de la mayoría de la población.

Cuando se transportan las provisiones muy lejos, la gente se arruina a causa del alto costo. En los mercados cercanos al ejército, los precios de las mercancías se aumentan. Por lo tanto, las largas campañas militares constituyen una lacra para el país.

Cuando se agotan los recursos, los impuestos se recaudan bajo presión. Cuando el poder y los recursos se han agotado, se arruina el propio país. Se priva al pueblo de gran parte de su presupuesto, mientras que los gastos del gobierno para armamentos se elevan.
Los habitantes constituyen la base de un país, los alimentos son la felicidad del pueblo. El príncipe debe respetar este hecho y ser sobrio y austero en sus gastos públicos.
En consecuencia, un general inteligente lucha por desproveer al enemigo de sus alimentos. Cada porción de alimentos tomados al enemigo equivale a veinte que te suministras a ti mismo.

Así pues, lo que arrasa al enemigo es la imprudencia, y la motivación de los tuyos en asumir los beneficios de los adversarios.

Cuando recompenses a tus hombres con los beneficios que ostentaban los adversarios los harás luchar por propia iniciativa, y así podrás tomar el poder y la influencia que tenía el enemigo. Es por esto par lo que se dice que donde hay grandes recompensas hay hombres valientes.

Por consiguiente, en una batalla de carros, recompensa primero al que tome al menos diez carros.

Si recompensas a todo el mundo, no habrá suficiente para todos, así pues, ofrece una recompensa a un soldado para animar a todos los demás. Cambia sus colores (de los soldados enemigos hechos prisioneros), utilízalos mezclados con los tuyos. Trata bien a los soldados y préstales atención. Los soldados prisioneros deben ser bien tratados, para conseguir que en el futuro luchen para ti. A esto se llama vencer al adversario e incrementar por añadidura tus propias fuerzas.

Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas.

Así pues, lo más importante en una operación militar es la victoria y no la persistencia. Esta última no es beneficiosa. Un ejército es como el fuego: si no lo apagas, se consumirá por sí mismo.

Por lo tanto, sabemos que el que está a la cabeza del ejército está a cargo de las vidas de los habitantes y de la seguridad de la nación.

martes, 28 de febrero de 2012


DESIDIA

El problema de posponer las cosas

Por el Dr. Timothy Quek, Ph.D.

Imagina un cartel que muestra a un enorme oso polar acostado en un pedazo de hielo, flotando en el mar al lado de un letrero que dice: “Cuando tengo la sensacióncomo de hacer algo, me acuesto un ratito hasta que esa sensación se me quita”. Tal parece ser la actitud de las personas resignadas a seguir posponiendo las cosas que tienen que hacer: invadidas por la frustración, imposibilitadas para ponerse al corriente, abrumadas por la depresión e identificadas por la misma respuesta, “me vale madre”.

Sin embargo, la mayoría de las personas que postergan sus actividades, realmente no han presentado voluntariamente su renuncia. De hecho, todos batallamos constantemente para quitarnos esa sensación que es importante aclarar, que no es pura flojera sino algo más complejo. Planeamos un cuidadoso itinerario de actividades; lo apuntamos y hacemos gráficas; hacemos promesas y compromisos; nos organizamos y hacemos ajustes.


Generalmente, logramos lanzarnos a comenzar un corto periodo de actividad, sin relegar nada y casi sin darnos cuenta nos estrellamos con esa amalgama gelatinosa que nos envuelve y nos vuelve a la parálisis o nos lleva a hacer otras cosas en lugar de hacer lo que sabemos que tenemos que hacer. ¿Por qué? ¿Cuál es la razón por la que empezamos a dejar esas cosas para después? El problema de la postergación va más allá de la disciplina personal o de tener que flagelarse (con un fuete) para brincar de esa parálisis al estrés. Se trata, usualmente, del síntoma de un problema con muchas facetas, que no tiene una única solución.


La postergación de las cosas que tenemos que hacer. ¿Por qué nos invade esa extraña sensación, nos envuelve y nos frena, que nos hace evadir nuestras responsabilidades? Un antiguo proverbio dice que, “no importa el tamaño del árbol, sino la profundidad de las raíces es lo que lo hace fuerte”. Pues el fenómeno de la postergación tiene raíces muy profundas. La postergación está integralmente ligada a la desorganización. Pero sería un error asumir que todos los problemas de desorganización / postergación tienen una misma causa. De hecho, se han identificado varias formas primarias en que la postergación / desorganización ocurre.


La falta de identificación entre lo urgente y lo importante.

Al principio del ciclo de lo urgente y lo importante las personas que tienden a postergar las cosas, tienen la tendencia de atender las actividades que les brindan confort, comodidad, por ser más interesantes, convenientes o estar más a la mano. Lo importante y prioritario cede su lugar a la comodidad y conveniencia. Mientras esas actividades se están realizando, las otras se empiezan a acumular y de pronto una bola de actividades importantes por hacer empiezan a llamar nuestra atención. Ese foco rojo dentro de nuestra mente empieza a prenderse y apagarse de manera constante. Cuando nos damos cuenta, la cantidad de cosas importantes, recientes y otras ya más añejas, se vuelve inmanejable. El postergador tiene que dejar de hacer lo que está haciendo para atender y resolver todas las actividades urgentes.


En cierto sentido, lo urgente se ha vuelto lo prioritario. Esta confusión continúa dividiendo las tareas en tres categorías que gritan por atención y que son cada vez más difíciles de distinguir. Estas son: Lo prioritario/urgente (es importante y lo tienes que hacer ya); lo prioritario/no urgente (es importante, pero no necesariamente lo tienes que hacer hoy); lo no prioritario/urgente (no es importante, pero lo tienes que hacer ya). Mientras tanto, lo atractivo de hacer las tareas confortables no urgentes y no prioritarias sigue ocupando el tiempo del postergador, dándole la sensación de que está haciendo algo, pero acrecentando el problema. El resultado, es que el postergador se convierte en esclavo de lo urgente y no es capaz de establecer las prioridades reales y constantemente se aparta de este estrés haciendo tareas que no son urgentes ni prioritarias.


Distractibilidad

Relativamente afín a la tendencia de realizar tareas confortables por parte del postergador, se encuentra el problema de las distracciones. No es raro que los postergadores justifiquen el haber dejado una tarea pendiente porque “algo pasó que...”. Establecer mejores fronteras emocionales (como por ejemplo, decirse NO a sí mismo) para mantenernos resolviendo una tarea, usualmente ayuda a limitar nuestra atención para no hacer caso a la multitud de estímulos que nos distraen. (El programa de TV, el partido de Fútbol, las noticias, el teléfono, el correo electrónico).


Falta de memoria


Desafortunadamente, ningún aumento en la determinación de prioridades o en el establecimiento de fronteras a la distracción pueden resolver el problema de la falta de memoria que en realidad se refiere a una memoria mal organizada (y no es culpa del postergador). Típicamente, los postergadores asumen que tienen una excelente memoria y con frecuencia insisten en que recuerdan aunque dan la apariencia de haber olvidado las cosas (Por supuesto que me acuerdo. Estaba a punto de hacerlo”). Múltiples papelitos adornan sus bolsas y escritorios, y aparentemente utilizan más de una libreta o ninguna para apuntar sus pendientes (ambas prácticas tienen el mismo resultado: no sirven). Un paso en la dirección correcta es reconocer el problema de la falta de memoria, aunque no debe ser utilizada como una excusa para la falta de acción.


Acumular tareas

Finalmente, una gran parte de la desorganización por causa de la postergación viene de aglomerar o acumular tareas en la percepción errónea de que esas actividades se convierten en una única e inseparable mole, que no puede ser subdividida ni atendida de manera sistemática. El molesto adolescente que piensa que “asear el cuarto” es una sola tarea gigantesca que prefiere postergar, en lugar de pensar que puede subdividirla en varias tareas pequeñas: levantar la ropa sucia, tender la cama, acomodar sus cajones, limpiar su escritorio, etc.


Miedo

La postergación motivada por el miedo usualmente se expresa como una forma de evitar la realización de la tarea y el inmenso deseo de ya sea posponerla, o esperar a que expire la fecha de entrega para ya no tener que hacerla (como el caso de una tarea en la escuela, en la que no te importa recibir una mala nota con tal de no hacerla). Usualmente, una tarea va relacionada con otra, y el cúmulo de tareas no realizadas aumenta a lo largo del tiempo. En cuanto el volumen de tareas se acumula, el postergador se resigna, se deprime y se vuelve inactivo. Las batallas internas por el miedo motivado por la postergación generalmente son de dos tipos: la racional contra la irracional (“Sé qué tengo que hacerlo, y entonces por qué no lo hago) y la de disciplina contra la falta de comodidad (Yo planeé hacerlo, pero cuando llegó el momento, no sentí ganas de realizarlo). Los intentos para resolver estos conflictos deben comenzar al nivel de enfrentar el miedo en lugar de tratarlos con lógica o mayor disciplina.

Perfeccionismo

La mayoría de los postergadores no se consideran a sí mismos como perfeccionistas. “Si fuera un perfeccionista, acabaría de hacer las cosas”, dicen. No necesariamente. De hecho, el perfeccionismo usualmente nos lleva a “arranques” que terminan consumiéndose en el sentido de un individuo que inicia un ataque de limpieza o que inicia una tarea con gran energía y luego se desvanece por cansancio, después de haber exasperado, irritado o molestado a todos alrededor. El perfeccionismo se ha descubierto que está fuertemente relacionado con la depresión y un espíritu extremadamente crítico (con uno mismo, o con los demás).


Entonces, ¿qué es el perfeccionismo?

El perfeccionismo es una forma de rigidez o inflexibilidad que está marcada por tres características principales.

1. El deseo intenso de arrojarse y hacer las cosas uno mismo porque los demás son unos ineptos.

2. La actitud insistente de que uno no debería iniciar algo si no sabe hacerlo bien.

3. La profunda necesidad de cerrar círculos, que se manifiesta por la molestia y angustia de que algo quedó pendiente.


Cada una de estas características lleva al perfeccionista a postergar las cosas. Para los postergadores perfeccionistas, el primer paso para enfrentar la postergación es reconocer y comprender que nos molestan estos tres puntos básicos. Para luego aplicar soluciones prácticas de manera sistemática.


La postergación como un indicador

La postergación puede ser un indicador de un problema físico o psicológico más serio que podría resolverse positivamente a través de tratamiento médico. Muy seguido esa postergación no es percibida por el postergador, pero sí por todas las personas que lo rodean. La ansiedad extrema, la depresión clínica severa, el desorden obsesivo compulsivo, el trastorno de déficit de atención con y sin hiperactividad y otros padecimientos relacionados con la pérdida de memoria son ejemplos de disfunciones que pueden llevarnos a la postergación.


Superando tus temores


¿A qué le tengo miedo? En la postergación motivada por miedo, para empezar, es necesario identificar el temor específico a que se refiere. Por ejemplo, una persona tratando de encontrar trabajo después de un largo periodo de tiempo puede haber desarrollado el temor a ser rechazado otra vez. Un estudiante de secundaria, arrastra sus pies para completar su proyecto de clase por el miedo a obtener otra calificación reprobatoria. El analista contable encuentra imposible completar un crédito para lograr su certificación por su miedo al material mismo al que tiene que enfrentarse.

Este último ejemplo puede por cierto tener que ver con la falta de aptitudes en su campo de trabajo. Dentro de sí mismos, tanto el miedo como las fuentes de ese miedo pueden ser confrontadas antes de buscar resolver los comportamientos expresados por la postergación. Con frecuencia, un consejero puede ayudarte a identificar las fuentes del miedo y sus efectos en la autoestima, para luego dar dirección a la resolución de estos problemas.


Primeros pasos.


1. Consigue una agenda. Y por favor, llévatela tranquila. Los postergadores usualmente inician sus proyectos con gran ambición. (¿Recuerdas el problema de la acumulación?) y luego salen y compran la agenda más cara, con alarmas electrónicas, y música de fondo. Invierten en agendas electrónicas con miles de aditamentos o sacan copias de los organizadores más novedosos que hay en el mercado, los cuales hasta modifican y perfeccionan, “si esto se debe hacer, se debe hacer de la mejor manera posible”. (¿Puedes ver ahí al perfeccionista?) Eventualmente, este enorme esfuerzo se estrella con la parálisis total, cuando se les acaba la energía y la decepción los arrastra a tres escalones atrás de los dos pasos que habían dado. Es mucho más sabio comprar una agenda simple, de tamaño pequeño, y que presenta el detalle de toda una semana en las dos páginas en que se abre el libro. Las agendas ayudan a atender los problemas de desorganización y hasta de mala memoria. Aprende a utilizarla todos los días. Escribe las cosas que vas a hacer y las que ya has realizado. Observa la próxima semana, si quieres, pero no caigas en la tentación de planear tu vida por el resto del año. Para ayudarte a utilizar más el libro, apunta ahí los teléfonos importantes y las direcciones que requieres. Llévalo contigo a todas partes y has de su presencia un hábito.


2. Aprende a planear de manera realista. Divide las tareas en metas pequeñas y proporciona a estas metas fechas límites adecuadas. Apunta estas fechas en tu agenda.


3. Haz listas de pendientes y escríbelas en tu agenda. Hasta esas cosas pequeñas y fáciles que haces todos los días pueden ser agregadas a la lista. Verifica cada punto conforme vas avanzando. Se trata de ir registrando logros tangibles conforme avanzas en el día.


4. Subdivide las tareas en actividades más manejables, lo cual quita el enorme reto de tener que enfrentar tareas muy pesadas en una sola batalla. A veces, se puede subestimar una tarea pensando en que va a tomar muy poco tiempo y energía cuando en realidad ocupa gran parte de tu tiempo. Aprende a dividir las tareas en actividades de 15 minutos para empezar. Conforme adquieras más práctica, aumenta el tamaño de las tareas y ayúdate de tu agenda para subdividir las tareas pesadas.


Libérate

La postergación tiene una tendencia a dominar nuestras vidas si no la sometemos bajo control. Muchos postergadores resignados simplemente confiesan “Soy un flojo”. Y esperan que esa explicación sea suficiente para justificarlos. Para nada. La flojera es la postergación fuera de control. Toma una enorme cantidad de sabiduría y de esfuerzo el romper las cadenas de la postergación, pero los resultados bien valen la pena.

viernes, 24 de febrero de 2012



El Arte de la Guerra, Sun Tzu

I N T R O D U C C I O N


Sun Tzu fué un general chino que vivió alrededor del siglo V antes de Cristo. La colección de ensayos sobre el arte de la guerra atribuida a Sun Tzu es el tratado más antiguo que se conoce sobre el tema. A pesar de su antigüedad los consejos de Sun Tzu siguen manteniendo vigencia.


El Arte de la Guerra es el mejor libro de estrategia de todos los tiempos. Inspiró a Napoleón, Maquiavelo, Mao Tse Tung y muchas más figuras históricas. Este libro de dos mil
quinientos años de antigüedad, es uno de los más importantes textos clásicos chinos, en el que, a pesar del tiempo transcurrido, ninguna de sus máximas ha quedado anticuada, ni hay un solo consejo que hoy no sea útil. Pero la obra del general Sun Tzu no es únicamente un libro de práctica militar, sino un tratado que enseña la estrategia suprema de aplicar con sabiduría el conocimiento de la naturaleza humana en los momentos de confrontación. No es, por tanto, un libro sobre la guerra; es una obra para comprender las raíces de un conflicto y buscar una solución. “la mejor victoria es vencer sin combatir”, nos dice Sun Tzu, “y ésa es la distinción entre le hombre prudente y el ignorante”.

La obra de Sun Tzu llegó por primera vez a Europa en el periodo anterior a la Revolución Francesa, en forma de una breve traducción realizada por el sacerdote jesuita J. J. M. Amiot. En las diversas traducciones que se han hecho desde entonces, se nombra ocasionalmente al autor como Sun Wu o Sun Tzi.


C A P I T U L O I

Sobre la evaluación


Sun Tzu dice: la guerra es de vital importancia para el Estado; es el dominio de la vida o de la muerte, el camino hacia la supervivencia o la pérdida del Imperio: es forzoso manejarla bien. No reflexionar seriamente sobre todo lo que le concierne es dar prueba de una culpable indiferencia en lo que respecta a la conservación o pérdida de lo que nos es mas querido; y ello no debe ocurrir entre nosotros.


Hay que valorarla en términos de cinco factores fundamentales, y hacer comparaciones entre diversas condiciones de los bandos rivales, con vistas a determinar el resultado de la guerra.

El primero de estos factores es la doctrina; el segundo, el tiempo; el tercero, el terreno; el cuarto, el mando; y el quinto, la disciplina.


La doctrina significa aquello que hace que el pueblo esté en armonía con su gobernante, de modo que le siga donde sea, sin temer por sus vidas ni a correr cualquier peligro.

El tiempo significa el Ying y el Yang, la noche y el día, el frío y el calor, días despejados o lluviosos, y el cambio de las estaciones.

El terreno implica las distancias, y hace referencia a dónde es fácil o difícil desplazarse, y si es campo abierto o lugares estrechos, y esto influencia las posibilidades de supervivencia.

El mando ha de tener como cualidades: sabiduría, sinceridad, benevolencia, coraje y disciplina.

Por último, la disciplina ha de ser comprendida como la organización del ejército, las graduaciones y rangos entre los oficiales, la regulación de las rutas de suministros, y la provisión de material militar al ejército.


Estos cinco factores fundamentales han de ser conocidos por cada general. Aquel que los domina, vence; aquel que no, sale derrotado. Por lo tanto, al trazar los planes, han de compararse los siguiente siete factores, valorando cada uno con el mayor cuidado:

¿Qué dirigente es más sabio y capaz?

¿Qué comandante posee el mayor talento?

¿Qué ejército obtiene ventajas de la naturaleza y el terreno?

¿En qué ejército se observan mejor las regulaciones y las instrucciones?

¿Qué tropas son más fuertes?

¿Qué ejército tiene oficiales y tropas mejor entrenadas?

¿Qué ejército administra recompensas y castigos de forma más justa?

Mediante el estudio de estos siete factores, seré capaz de adivinar cual de los dos bandos saldrá victorioso y cual será derrotado.

El general que siga mi consejo, es seguro que vencerá. Ese general ha de ser mantenido al mando. Aquel que ignore mi consejo, ciertamente será derrotado. Ese debe ser destituido.

Tras prestar atención a mi consejo y planes, el general debe crear una situación que contribuya a su cumplimiento. Por situación quiero decir que debe tomar en consideración la situación del campo, y actuar de acuerdo con lo que le es ventajoso.

El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca. Poner cebos para atraer al enemigo.

Golpear al enemigo cuando está desordenado. Prepararse contra él cuando está seguro en todas partes. Evitarle durante un tiempo cuando es más fuerte. Si tu oponente tiene un temperamento colérico, intenta irritarle. Si es arrogante, trata de fomentar su egoísmo.

Si las tropas enemigas se hallan bien preparadas tras una reorganización, intenta desordenarlas. Si están unidas, siembra la disensión entre sus filas. Ataca al enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera. Estas son las claves de la victoria para el estratega.


Ahora, si las estimaciones realizadas antes de la batalla indican victoria, es porque los cálculos cuidadosamente realizados muestran que tus condiciones son más favorables que las condiciones del enemigo; si indican derrota, es porque muestran que las condiciones favorables para la batalla son menores. Con una evaluación cuidadosa, uno puede vencer; sin ella, no puede. Muchas menos oportunidades de victoria tendrá aquel que no realiza cálculos en absoluto.


Gracias a este método, se puede examinar la situación, y el resultado aparece claramente.

El Arte de la Guerra (Video)